la ciudad

Fue en ese momento,(...) que Halloway se topò con el primero de los extraños monumentos que luego encontrarìa por toda la ciudad. Al bajar por la salida de peatones descubriò que la habìan utilizado como basurero munincipal un parque de stacionamiento cercano. Habìa desparramados por todas partes neumàticos viejos, desperdicios industriales y aparatos domèsticos, abandonados en un oxidado montòn. Levantàndose en el centro habìa una piràmide de televisores de unos veinte metros de altura, construida con considerable cuidado y con un avanzado sentido de la geometrìa. Los cerca de mil televisores estaban alineados uno contra otro, con las pantallas mirando hacia afuera; la combinaciòn de diferentes modelos formaban dibujos decorativos en los bordes escalonados. La totalidad de la estructura, de la base al àpice, estaba invadida por saùcos, musgos y rosales y las nubes de bayas formaban una enorme cascada.
Halloway mirò las hileras de televisores, una piràmide de ojos muertos dentro de cajas carcomidas, como huevos de algùn voraz reptil que esperaba nacer de los suaves globos empotrados en esa matriz de materia orgànica en descomposiciòn. Abiertos por los saùcos, muchos de los aparatos mostraban su instalaciòn elèctrica interior. Los circuitos verdes y amarillos, los condensadores y los moduladores, se mesclaban con las brillantes bayas de los rosales, ordenes rivales de caprichosa naturaleza que volvìan a mezclarse despuès de millones de años de evoluciòn separada...
La ciudad ùltima.
J. G. Ballard.

