Espejos y vampiros

Habìa colocado mi espejito de mano en el marco de la ventana y empecè a afeitarme cuando, de repente, sentì una mano en el hombro y reconocì la voz del conde.
-Buenos dìas.
Me sobresaltè, muy extrañado de no haberle oìdo entrar, ni haberle visto, ya que, por el espejito, veìa reflejada toda la habitaciòn a mis espaldas.
(...)Cuando hube contestado al saludo del conde, me puse a mirar otra vez por el espejo, tratando de comprender còmo habìa podido engañarme. No habìa el menor error: sabìa que el conde se hallaba detràs de mì, casi a mi lado, y sòlo tenìa que volver la cabeza para verle. Pues bien ¡el espejo no reflejaba su imagen!
Bram Stoker.
Dràcula.

