El gallo de la veleta

El gallo de la veleta, recortado en una chapa de hierro que se cantea al viento sin moverse y que tiene un ojo solo que se ve por las dos partes, pero es un sólo ojo, se bajó una noche de la casa y se fué a las piedras a cazar lagartos. Hacía luna, y a picotazos de hierro los mataba. Los colgó al tresbolillo en la blanca pared de levante que no tiene ventanas, prendidos de muchos clavos. (...) Cuando los lagartos estaban frescos todavía, pasaban verguenza, aunque muertos, porque no se les había aún secado la glándulita que segrega el rubor, que en los lagartos se llama "amarillor", pues tienen una verguenza amarilla y fría.
Rafael Sánchez Ferlosio.
Alfanhuí.

