Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2007.

09/02/2007

El padre

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El bebé estaba en una canasta al lado de la cama, y llevaba puesto un pelele y un gorro blanco. La canasta de mimbre estaba recién pintada, acolchada con pequeños edredones azules y sujeta con cintas de color azul claro. Las tres hermanitas y la madre, que se acababa de levantar de la cama y aún no se había despertado del todo, y la abuela rodeaban todas al bebé y observaban cómo miraba con fijeza y de cuando en cuando se llevaba el puño a la boca. No sonreía ni reía, pero a veces parpadeaba y movía la lengua entre los labios cuando una de las niñas le pasaba la mano por la barbilla.
El padre estaba en la cocina y les oía jugar con el bebé.
-¿A quién quieres tú pequeñín? - dijo Phyllis-, y le hizo cosquillas en la barbilla.
-Nos quiere a todos - dijo Phyllis-, pero al que quiere de veras es a papá, ¡porque papá también es chico!
La abuela se sentó en el borde de la cama y dijo:
-¡Mirad su bracito! Tan gordo. ¡Y esos deditos! Igualitos que los de su madre.
-¿No es una preciosidad? -dijo la madre-. Tan sano, mi niñito. -Se inclinó sobre la cuna, besó al bebé en la frente y tocó la colcha que le tapaba el brazo-. Nosotros también le queremos.
-¿Pero a quién se parece, a quién se parece? -exclamó Alice, y todas ellas se acercaron a la canasta para ver a quién se parecía.
-Tiene los ojos bonitos -dijo Carol.
-Todos los bebés tienen los ojos bonitos -dijo Phyllis.
-Tiene los labios del abuelo -dijo la abuela-. Fijaos en esos labios.
-No sé...-dijo la madre-. No sabría decir.
-¡La nariz! ¡La nariz! -gritó Alice.
-¿Qué pasa con su nariz? -preguntó la madre.
-En la nariz se parece a alguien -dijo la niña.
-No, no sé... -dijo la madre-. No creo.
-Esos labios...- dijo entre dientes la abuela-. Esos deditos... - dijo, destapando la mano del bebé y extendiéndole los menudos dedos.
-¿A quién se parece este niño?
-No se parece a nadie -dijo Phyllis. Y todas se acercaron aún más a la canasta.
-¡Ya sé! ¡Ya sé! - dijo Carol-. ¡Se parece a papá! -Todas miraron al bebé de muy cerca.
-¿Pero a quién se parece su papá? - preguntó Phyllis.
-¿A quién se parece papá?- repitió Alice, y entonces todas ellas miraron a la vez hacia la cocina, donde el padre estaba en la mesa, de espaldas a ellas.
-¡Vaya, a nadie! -dijo Phyllis, y se puso a lloriquear un poco.
-Calla -dijo la abuela, apartando la mirada. Luego volvió a mirar al bebé.
-¡Papá no se parece a nadie! -dijo Alice.
-Pero tendrá que parecerse a alguien -dijo Phyllis, secándose los ojos con una de las cintas. Y todas salvo la abuela miraron al padre, que seguía sentado en la cocina.
Se había dado la vuelta en su silla y tenía la cara pálida y sin expresión.
 Raymond Carver
¿Q
uieres hacer el favor de callarte, por favor?, 1963/76
(Traducción de Jesús Zulaika, Editorial Anagrama, Panorama de narrativas139)
Raymond Carver.Tomado de www.maruska.soria.org/carver/htm
 
09/02/2007 22:27 Autor: barak-dur. Enlace permanente. Tema: mechanix No hay comentarios. Comentar.

Creo

20070209230412-creer.jpg" Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para soltar las riendas de la verdad dentro de nosotros, para demorar la noche, para trascender la muerte, para congraciarnos con los pájaros, para ganarnos la confianza de los locos.
Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de los choques de autos, en la paz de los bosques sumergidos, en la excitación de las playas de vacaciones cuando están desiertas, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de muchos pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.
Creo en el vuelo, en la belleza de las alas y en la belleza de todo lo que ha volado siempre, en la piedra arrojada por un chico con la misma sabiduría de los estadistas y de las parteras.
Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la historia de mis pies.
Creo en los dolores de cabeza, en el aburrimiento de los atardeceres, en el miedo de los calendarios, en la traición de los relojes.
Creo en la muerte del mañana, en la fatiga del tiempo, en nuestra búsqueda de un tiempo nuevo dentro de la sonrisa de las azafatas en los ómnibus de larga distancia y dentro de los ojos cansados de los hombres que controlan el tránsito en los aeropuertos fuera de temporada.
Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en el propósito asesino de la lógica.
Creo en las adolescentes , en como se corrompen a sí mismas por la posición que adoptan sus largas piernas, en la pureza de sus cuerpos desarreglados, en los vellos púbicos que dejan en los baños de los telos mas infames.
Creo en la delicadeza de los bisturíes quirúrgicos ,en la ilimitada geometría de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la charlatanería de los planetas, en la repetitividad de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y en el aburrimiento del átomo.
Creo en la muerte de las emociones y en el triunfo de la imaginación.
Creo en todas las excusas
Creo en todas las razones
Creo en todas las alucinaciones
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones
Creo en el misterio y en la melancolía de una mano, en la gentileza de los árboles, en la sabiduría de la luz. "
 J. G. Ballard
 Tomado de www.epdlp.com
09/02/2007 23:04 Autor: barak-dur. Enlace permanente. Tema: hangar 18 No hay comentarios. Comentar.

Transilvania

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En Londres, unos momentos de ocio me habìan permitido ir al Museo Britànico y a la Biblioteca Nacional donde consultè mapas y libros relativos a Transilvania; me parecìa intereante ponerme al corriente de ciertos datos respectivos al paìs, puesto que debìa mantener tratos con un caballero natural de allì.

(...)Pero ningùn libro, ningùn mapa pudo indicarme el lugar exacto donde se alzaba el castillo del conde Dràcula...

Bram Stoker

09/02/2007 23:07 Autor: barak-dur. Enlace permanente. Tema: the call of ktulu No hay comentarios. Comentar.

Progreso

El progreso no lo traen los madrugadores, (…)sino los perezosos que buscan la forma más cómoda de hacer las cosas. "

 Robert Heinlein
09/02/2007 23:14 Autor: barak-dur. Enlace permanente. Tema: mechanix No hay comentarios. Comentar.

23/02/2007

Ciencia-ficciòn colombiana

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El juicio de la màquina

Frìa, insensible, inhumana estaba ahì la Computadora, empotrada al piso del edificio, haciendo sus càlculos ante la mirada de los Jurados, del Reo y del pùblico asistente a la Audiencia en la cual se juzgaba al hombre por un supuesto delito...

(...) UNIVAC, que tal era el nombre del monstruo metàlico, se habìa convertido en el centro de las miradas de aquèl Juicio donde se jusgaba la suerte del acusado. Este, presa del nerviosismo. miraba ora al Jurado de hombres como èl, ora al inmenso Robot como tratàndo de influir en la apreciaciòn de ambos sobre la definiciòn de su caso.

(...)Aquel Armatoste pensaba con una rapidez deslumbrante y elaboraba en su cerebro de cables todas las conjeturas y establecìa las posibilidades que podrìan presentarse para bien o para mal de aquel hombre que estaba en tela de juicio. Era una lucha positiva entre el hombre y la màquina.

(...) Cada uno de los jurados de conciencia fue dictando su sentencia. Sòlo faltaba el pronunciamiento de UNIVAC.

(...)

Cuando ya iba a dictar su fallo, comenzò a salir humo por su cerebro de acero; la màquina habìa hecho un esfuerzo descomunal y se habài fundido. El acusado fue condenado a muerte por un voto.

Jorge Eduardo Velez Arango.

Inventario de sueños.

Editorial Rodrigo Ltda, Manizales, 1983.

23/02/2007 21:01 Autor: barak-dur. Enlace permanente. Tema: mechanix No hay comentarios. Comentar.

Ciencia- ficciòn en Colombia

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La màquina

El inventor Larco-z soldò el ùltimo circuito y aproximò su conducta a lo que podrìa ser un estado de intensa satisfacciòn. Despuès de dispendiosos experimentos habìa logrado el objetivo de sus preocupaciones vitales: una màquina cuyos efectos trascendìan las reacciones fìsicas del organismo y alcanzaba impactos en la menguada constituciòn espiritual de los habitantes del planeta.

Por medio de un complejo se transmitìan vibraciones sensoriales, produciendo disturbios anti.mecànicos semejantes a sueños, recuerso y anhelos; de tal manera que cualquier individuo de escasos o inexistentes sentimientos, podìa recuperar la facultad de relaciòn con la naturaleza y los fenomenos no tecnologicos de la epoca. Laico-Z (...) se dispuso a probar en su propia persona la gran paradoja: a partir de una màquina mermarìa los avances negativos de otras màquinas sobre la personalidad humana..

(...) Accionò botones, computò cifras y cuando estuvo preparado recibiò una intermitente sucesiòn de descargas luminosas.

Los auxiliares trataron de ayudarlo pero nada pudieron hacer. El alto voltaje de sensibilidad no pudo ser asimilado por el cientifico y sus principales registros se descompusieron. El cràneo se fundiò y el plàstico cabelludo dejò al descubierto un panorama de filamentos, èmbolos, bujìas y elctrodos chamuscados.

Juan Carlos Moyano Ortiz (Bogotà, 1959)

La pasiòn de las lunas.

Ediciones Puesto de combate, Bogotà, 1981.

23/02/2007 21:40 Autor: barak-dur. Enlace permanente. Tema: mechanix No hay comentarios. Comentar.

26/02/2007

Cincia-ficciòn colombiana

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Los seguidores

(...)

Conocì a Gagarin en la calle.(...). Èl habìa instalado un telescopio en la acera.

-Vea a Fobos- me dijo-. Perderà pocos segundos.

(...) Yo no habìa visto el cielo. A diario està uno todo el tiempo bajo techos o mirando hacia adelante. De modo que vì a  Fobos minusculo en el cielo y me sentì maleable.

Dìas despuès me llevò a la azotea del Hotel Atlantico, entonces abandonado, donde se congregaban en las noches con los telescopios. El sabìa la posiciòn de los astros y cada vez nos los indicaba. Nosotros amanecìamos vindolos, invadidos de asombro, con la certidumbre de que el contenido del cielo no està ni arriba ni abajo y que se està alejando.

(...) Y nos multiplicabamos. (...) Pero siendo tantos se le dificultò a Gagarin mantener el control. Se presentaron riñas (...) Y luego comenzò a gestarse el malestar de un puñado contra Gagarin.

(...) Entonces ocurriò el percance. Uno de los detractores cayò arrojado desde la escalera entre los pisos doce y trece despuès de una rencilla. Y sus amigos acusaron a Gagarin de inspirador del homicidio e hicieron que lo arrestaran.

Muchos han vuelto a su modo de vida anterior. (...) Porque la detenciòn de Gagarin se difundiò por los noticieros y ahora nos echan de los edificios (...) O si nos descubren mirando nos quitan los telescopios y nos obligan a bajr y a dispersarnos.

Heider Rojas

Algeciras, Huila, 1963.

Supresiòn de las cartas

Ediciones indice, Santa Fe de Bogotà, 1999.

26/02/2007 15:16 Autor: barak-dur. Enlace permanente. Tema: hangar 18 No hay comentarios. Comentar.


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