Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.
13/04/2008
Refugio

Durante muchos años de fatigar las bibliotecas del mundo, Abdul Assir habìa conocido todo tipo de libros: volùmenes que eran ventanas a otras vidas, hermosos papiros que al ser revelados en sus pàginas reflejaban el rostro -y tal vez el alma- del lector que se abismaba en ellos; habìa oìdo hablar de tablillas de barro y estelas de piedra que podìan conducir al lector a la presencia directa de la divinidad, e inscripciones en templos antiguos que era mejor no leer para no correr el riesgo de precipitar el fin de la creaciòn.
Incluso, alguna vez razonò que el universo entero podrìa ser un libro -infinito e ubicuo, rasgos no ajudicables a un libro humano-, en el que sòlo Dios podìa leer...
Pero nunca habìa visto un libro que fuera un refugio. Y mucho menos que se tratara de un tomo tan prosaico -un best-sellers de segunda mano-, donde el joven lector se abstraìa de tal manera, que durante horas el mundo y su sordida realidad desaparecieran y el dolor ya no pudiera alcanzarlo...
Bufòn.
Naturaleza robòtica

La doctora Susan Calvin yacìa en el piso de su inmaculado laboratorio, entre un amasijo de vìsceras y sangre.
La asèptica luz blanca de una làmpara permitìa ver que no sòlo habìa sido estrangulada y destripada, sino tambièn brutalmente abusada.
Calvin habìa dedicado su vida entera al perfeccionamiento de organismos cibernèticos capaces de emular la naturaleza humana, aùn en su lao màs profundo, oscuro y miserable.
En un rincòn del laboratorio, la policìa encontrò al ùltimo robot sobre el que trabajaba la doctora Calvin, sumido en posiciòn fetal en un charco de sus propias deyecciones, totalmente ensimismado, chupando con frenesì el dedo pulgar de una de sus manos manchadas de sangre...
30-04-07
Bufòn.
19/04/2008
En el Chatsubo
-¿Cómo te va, Case?
-Caballeros -dijo Ratz, levantando de la mesa el atiborrado cenicero con el rosado garfio de plástico-, no quiero problemas. -El cenicero era de plástico grueso y a prueba de golpes (...). Ratz lo estrujó lentamente; (...)
-¿Entendido?
(...)
-Eh, Ratz -dijo Case-, te debo una.
El barman se encogió de hombros. -Tú no me debes nada. Éstos -y miró coléricamente a Wage y a los matones- tendrían que saberlo. En el Chatsubo no se carga a nadie.
William Gibson.
Neuromante.
El peso de la noche
-¿Quién te dijo que yo iba a despacharte, Case?- preguntó Wage.
(...)
Case sintió el peso de la noche que caía sobre él como una bolsa de arena mojada detrás de sus ojos. Sacó el frasco del bolsillo y se lo dió a Wage.- Es todo lo que tengo. Pituitarias. Te consigo quinientas si lo mueves rápido.(...)
-Sí. -Case se pusó de pie y sintió que el Chat giraba y oscilaba.
-Vete a casa -dijo Ratz (...), con algo parecido a verguenza-. Artiste. Vete a casa.
Sintió que lo observaban mientras cruzaba la sala, y se abrió paso hasta más allá de las puertas plásticas.
William Gibson.
Neuromante
20/04/2008
Revelaciòn

"...Crushed like a
bug in the ground..."
Radiohead.
La noche antes de morir, escondido bajo el sillòn, sobre el suelo polvoriento, con la manzana podrida clavada en el costado y las paas inservibles llenas de motas de suciedad, Gregor Samsa comprendiò el sentido de su vida, el de cualquier vida.
Pero la imposibilidad de articular lenguaje humano le impidiò comunicar a alguien sus certezas; incluso, aunque hubiera podido hablar, ¿con quièn podrìa haberlo hecho?, ¿con el padre todopoderoso nuevamente dueño de sì mismo; con la madre postrada a causa de la verguenza; con la hermana indiferente; con la criada impertinente que gozaba hacièndolo sufrir?...
Gregor permaneciò en su sòrdido rincòn, con el acerbo sabor de la recièn adquirida experiencia latièndole en la boca hasta que, al filo de la madrugada, casi sin darse cuenta, muriò...
Bufòn.
03-05-07
Calles

A. recorriò las calles deshojadas, la ciudad de repente silenciosa, congelada, sòlo para constatar, con un indicio de pànico ardiendo entre su pecho, que era el ùnico habitante de una ciudad abandonada...
04-05-07
La ciudad

Al final, la ciudad se convirtiò en el hàbitat marchito de una marea en constante movimiento de desposeìdos fantasmas grises, algunos como jirones de telas sucias aleteados por la brisa, otros como hojas de papel o restos de empaques de pasabocas arrastrados calle abajo; o como pequeñas nubes negras del humo del escape de un motor a gasolina, barridos por el viento...
04-05-07
Bufòn.
25/04/2008
Espejos

La magia de los espejos era poderosa en ese paìs. Al abocarse a los espejos y a travès de ellos, las personas podìan establecer contacto con los muertos y los ausentes; pero sobre todo, mirando su propio reflejo en las aguas congeladas, podìan comunicarse consigo mismos...
Bufòn.
05-05-07
28/04/2008
El poder de Dios

-(...) No olvides que Litina es el primer planeta extraño que visito- aclaró el jesuita-. Creo que me sentiría igualmente fascinado ante cualquier mundo nuevo y habitado.(...)
-¿Y por qué no ha de bastar con eso? -preguntó Cleaver- ¡Por qué mezclar siempre a Dios en el mejunje? No me parece lógico.
-Al contrario; es lo que confiere sentido a las cosas- arguyó Ruiz-Sánchez -. La fé y la ciencia no se excluyen mutuemente, sino todo lo contrario. Pero si antepones los postulados de la ciencia y excluyes la fe, admitiendo sólo lo que está probado, no encuentras más que una serie de actos desprovistos de sentido. Para mí, la biología es un acto religioso, porque sé que todas las criaturas son obra de Dios y que cada nuevo planeta, con sus múltiples manifestaciones, es una afirmación del poder de Dios.
Un caso de conciencia.
James Blish.
Biblioteca de ciencia ficción, Ediciones Orbis, S.A., Barcelona, 1985.
La fe

En tanto que jesuita, e incluso en aquél lugar, a cincuenta años luz de Roma, Ruiz-Sánchez conocía algo respecto del saber que al conde Bois d´Averoigne se le había olvidado y que Cleaver jamás aprendería: que todo conocimiento pasa por dos fases. Una es el tránsito del mero enunciado al hecho, y la segunda la reconversión del hecho en postulado teórico. El objetivo involucrado en este circuito era la concepción de distinciones y matices cada vez más sutiles, y el resultado era una serie interminables de hecatombes teóricas. El poso era la fe.
Un caso de conciencia.
James Blish.
29/04/2008
Hotel Barato

Una manzana abajo de Baiitsu, hacia el puerto, se levantaba un anònimo edificio de diez pisos de oficinas, construido con feos ladrillos amarillos. Las ventanas estaban a oscuras, pero si uno estiraba el cuello se veìa un dèbil resplandor en el tejado. Cerca de la entrada, un aviso de neòn apagado anunciaba HOTEL BARATO, bajo un enjambre d eideogramas. Si aquèl lugar tenìa otro nombre Case lo ignoraba; siempre se lo mencionaba como Hotel Barato. Se llegaba por un callejòn lateral a Baiitsu, donde un ascensor esperaba al pie d eun conducto transparente. El ascensor, al igual que el Hotel Barato, era un añadido, pegado al edificio con bambù y resina epoxìdica. Case subiò a la jaula de plàstico y usò su llave, una pieza plana de rìgida cinta magnètica.
Habìa alquilado allì un nicho de pago semanal desde que llegò a Chiba, pero no dormìa nunca en el Hotel Barato. Dormìa en lugares màs baratos.
William Gibson.
Neuromante.

