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29/04/2008
Hotel Barato

Una manzana abajo de Baiitsu, hacia el puerto, se levantaba un anònimo edificio de diez pisos de oficinas, construido con feos ladrillos amarillos. Las ventanas estaban a oscuras, pero si uno estiraba el cuello se veìa un dèbil resplandor en el tejado. Cerca de la entrada, un aviso de neòn apagado anunciaba HOTEL BARATO, bajo un enjambre d eideogramas. Si aquèl lugar tenìa otro nombre Case lo ignoraba; siempre se lo mencionaba como Hotel Barato. Se llegaba por un callejòn lateral a Baiitsu, donde un ascensor esperaba al pie d eun conducto transparente. El ascensor, al igual que el Hotel Barato, era un añadido, pegado al edificio con bambù y resina epoxìdica. Case subiò a la jaula de plàstico y usò su llave, una pieza plana de rìgida cinta magnètica.
Habìa alquilado allì un nicho de pago semanal desde que llegò a Chiba, pero no dormìa nunca en el Hotel Barato. Dormìa en lugares màs baratos.
William Gibson.
Neuromante.
19/04/2008
El peso de la noche
-¿Quién te dijo que yo iba a despacharte, Case?- preguntó Wage.
(...)
Case sintió el peso de la noche que caía sobre él como una bolsa de arena mojada detrás de sus ojos. Sacó el frasco del bolsillo y se lo dió a Wage.- Es todo lo que tengo. Pituitarias. Te consigo quinientas si lo mueves rápido.(...)
-Sí. -Case se pusó de pie y sintió que el Chat giraba y oscilaba.
-Vete a casa -dijo Ratz (...), con algo parecido a verguenza-. Artiste. Vete a casa.
Sintió que lo observaban mientras cruzaba la sala, y se abrió paso hasta más allá de las puertas plásticas.
William Gibson.
Neuromante
En el Chatsubo
-¿Cómo te va, Case?
-Caballeros -dijo Ratz, levantando de la mesa el atiborrado cenicero con el rosado garfio de plástico-, no quiero problemas. -El cenicero era de plástico grueso y a prueba de golpes (...). Ratz lo estrujó lentamente; (...)
-¿Entendido?
(...)
-Eh, Ratz -dijo Case-, te debo una.
El barman se encogió de hombros. -Tú no me debes nada. Éstos -y miró coléricamente a Wage y a los matones- tendrían que saberlo. En el Chatsubo no se carga a nadie.
William Gibson.
Neuromante.
13/04/2008
Naturaleza robòtica

La doctora Susan Calvin yacìa en el piso de su inmaculado laboratorio, entre un amasijo de vìsceras y sangre.
La asèptica luz blanca de una làmpara permitìa ver que no sòlo habìa sido estrangulada y destripada, sino tambièn brutalmente abusada.
Calvin habìa dedicado su vida entera al perfeccionamiento de organismos cibernèticos capaces de emular la naturaleza humana, aùn en su lao màs profundo, oscuro y miserable.
En un rincòn del laboratorio, la policìa encontrò al ùltimo robot sobre el que trabajaba la doctora Calvin, sumido en posiciòn fetal en un charco de sus propias deyecciones, totalmente ensimismado, chupando con frenesì el dedo pulgar de una de sus manos manchadas de sangre...
30-04-07
Bufòn.
13/03/2008
Matriz

Lo seguìan de nuevo. Estaba seguro. Sintiò una puñalada de exaltaciòn, los octógonos y la adrenalina se mezclaron con algo más. Estás disfrutándolo, pensó; estás loco.
Porque, de alguna extraña y muy aproximada manera, era como activar un programa en la matriz. Bastaba con que uno se quemara lo suficiente, se encontrara con algún problema desesperado pero extrañamente arbitrario, y era posible ver a Ninsei como si fuera un campo de informaciòn; del mismo modo en que la matriz le había recordado una vez las proteína que se enlazaban distinguiendo especialidades celulares. Entonces uno podía flotar y deslizarse a alta velocidad, totalmente comprometido pero también totalmente separado, y alrededor d euno, la danza de los negocios, la información interactuando, los datos hechos carne en el laberinto del mercado negro...
William Gibson.
Neuromante.
26/02/2008
El Chat

El Chat no era realmente un bar de traficantes, pero por las noches atraìa a una clientela afín. Los viernes y los sábados era distinto. Los clientes habituales seguían allí, la mayoría; pero se desvanecìan tras la afluencia de marineros y los especialistas que los despojaban. Case buscò a Ratz desde que empujó las puertas, pero el barman no estaba a la vista. Lonny Zone, el macarra residente del bar, observaba con vidrioso y paternal interès còmo una de sus chicas iba a trabajrse a un joven marinero. Zone era adicto a una marca de hipnòticos que los japoneses llamaban Bailarines de las Nube. Case le indicò con señas que se acercara a la barra. Zone fue deslizàndose en cámara lenta entre la multitud; el alargado rostro relajado y plácido.
William Gibson
Neuromante
24/02/2008
El imperio
Por aquel entonces, habìa cerca de veinticinco millones de planetas habitados en la Galaxia, y absolutamente todos eran leales al imperio, con sede en Tràntor. Fueron los ùltimos cincuenta años en que pudo decirse tal cosa.
Isaac Asimov
Fundaciòn.
Hari Sheldon

... Naciò en el año 11988 de la Era Galàctica; falleciò en 12069. (...)
Indudablemente sus contribuciones màs importantes pertenecen al campo de la psicohistoria. Seldon conociò la especialidad como poco màs que un conjunto de vagos axiomas; la dejò convertida en una profunda ciencia estadìstica...
Enciclopedia galàctica.
Isaac Asimov
Fundaciòn.
Ediciones Origen, S.A. de C.V., Mèxico, 1985.
04/12/2007
Molly

-Creo que estàs jodido,Case. Aparezco y directamente me encajas en tu imagen de la realidad.
-Entonces, ¿què quiere usted, señora? (...)
-A tì. Un cuerpo vivo, sesos aùn relativamente intactos. Molly, Case. Me llamo Molly. Te he venido a buscar d eparte del hombre para quien trabajo. Sòlo quiere hablar, eso es todo. Nadie quiere hacerte daño.
-Que bien.
-Sòlo que a veces hago daño a la gente , Case. Supongo que tiene algo que ver con mis circuitos.
William Gibson.
Neuromante.
11/11/2007
Condicionamiento

-Y èste-intervino el director sentenciosamente-, este es el secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que uno tiene que hacer. Todo condicionamiento tiende a lograr esto: a lograr que la gente ame su inevitable destino social.
Un mundo feliz
Aldous Huxley.
04/11/2007
Refugio portàtil

Case entrò en el Chat una hora antes del amanecer (...)
Ratz estaba en una de las mesas del fondo, (...)- Te ves mal, amigo artiste- dijo, exhibiendo la hùmeda carcoma de sus dientes.
(...)
-Y vas de un lado a otro en ese refugio portàtil de copas y anfetas, claro. A prueba de emociones fuertes, ¿no?
-¿Por què no me dejas en paz, Ratz? ¿Has visto a Wage?
-A prueba del miedo y de la soledad-continuò el barman- Presta a tenciòn al miedo. Quizà sea tu amigo.
William Gibson
Neuromante.
20/08/2007
La nave.

La vieja y oxidada nave espacial llegò dando tumbos a travès del tiempo vacìo del espacio interestelar, hasta arribar a aquèl lejano planeta, donde sus habitantes la acogieron.
Durante mucho tiempo estuvieron indecisos sobre si abrirla o no, aùn cuando a simple vista comprendieron que se trataba de un medio de transporte, hueco en su interior, diseñado para que un ser viviente pudiera sobrevivir dentro de èl.
Cuando por fin de decidieron, comprobaron, no sin aprehensiòn, que se hallaban ante un fèretro flotante: su ùnico tripulante hacìa tiempo que habìa muerto a considerar por el estado del cuerpo.
Màs por nostalgia hacia aquèl explorador truncado que por curiosidad cientìfica -ya que su propia tecnologìa rebasaba con mucho la del desaparecido visitante-, se dedicaron a estudiar la nave. En la pared exterior, bajo la cabina de mando, hallaron escrito, con pintura ajena al resto del artefacto, unos caracteres que tardaron poco en descifrar, gracias a los muchos archivos entre tangibles y electrònicos hallados dentro del mismo aparato: La Española, decìa.
Despuès de muchas disquicisiones, concluyeron que se trataba del nombre de la nave , que presumiblemente habìa sido escrito allì por su solitario tripulante.
Pero nunca pudieron saber què significaba. Y ese fue el ùnico secreto que no pudieron arrancarle a la muerte...
Antes de embarcarse en su viaje sin retorno, Floyd Bowman sintiò la imperiosa necesidad de concederle un rasgo humanizante al frìo metal de la càpsula espacial, que habrìa de transportarlo millones de kilòmetros al olvido. La primera idea que se le ocurriò fue colocarle un nombre. Asì que tomò un tarro de pintura y con una brocha trazò el nombre de La Española, justo debajo de la cabina de mando en la cara exterior del aparato.
Y sonriò ante la alusiòn.
Pues La Española era el nombre del barco en que navegaba Jim Hawkins hacia la Isla del Tesoro, en la novela del mismo nombre que èl, Floyd Bowman, habìa leìdo cuando sòlo tenìa once años de edad...
26-02-06
Bufòn.
12/08/2007
El ùltimo hombre

El ùltimo hombre levantò los ojos al cielo e implorò respuestas con un gemido estridente, antes de caer de bruces sobre la tierra desolada.
Al otro lado del tiempo, a miles de unidades astronòmicas de olvido, la entidad llamada Dom captò el dèbil mensaje gracias a los dispositivos receptores de las màquinas blandas implantadas en su piel.
De inmediato Dom se conectò a la Inteligencia Central y asì supo que el mensaje provenìa de un planetoide extinto.
Por un instante, estuvo tentado de enviar una respuesta, acusando recibo de la sùplica interpuesta...
Pero la Inteligencia Central le hizo saber que no serìa necesario ya que , gracias a un extraño sentimiento llamado esperanza, el ùltimo hombre, en el ùltimo instante, tuvo la certeza de estar siendo escuchado...
24-02-07
Bufòn.
10/08/2007
Tiempo

-El tiempo no es inmutable, es algo que la ciencia del caos nos ha demostrado (...).
-Si el tiempo no es inmutable, ¿se puede saber què es? (...)
-El tiempo es como una niebla con estructura de onda. Todo son ecuaciones, (...). Manipulas los datos, y nadie sabe què resultados obtendràs (...)
-Como la vida misma, en realidad.
-Sometida tambièn al caos.
Dràcula desencadenado.
Brian Aldiss.
Celeste ediciones S.A., Madrid, 2001.
27/05/2007
Ciencia ficciòn y mitologìa
Creo que es un desacierto suponer el origen de la ciencia ficciòn en la mitologìa de los pueblos antiguos.
El caràcter liberador del mito rompe la lògica cartesiana del mundo de hoy, pero no lo circunscribe a la ciencia ficciòn y, quizàs, ni siquiera a la literatura fantàstica. La mitologìa, como relato de una manifestaciòn superior, desplaza los lìmites naturales a los que està sometido el hombre debido, precisamente, a su condiciòn trascendente, cosmogònica.
El deseo de acercar ciencia ficciòn y mitologìa se deberìa, tal vez, al anhelo conyemporaneo de estrechar la brecha entre el pensamiento cientifìco y el pre- cientifìco, que buscarìa aunar las creencias comunes del hombre de las sociedades pequeñas al amplio bagaje del conocimiento tecnològico predominante.
La ciencia ficciòn , como tal, se manifestarìa desde el momento en que el hombre entra a relacionarse con la ciencia y la tècnica y èstas modifican su vida.
Personalmente pienso que, como periodo històrico, es la Revoluciòn Industrial el instante en que parte dicha interrelaciòn entre ciencia, vida y tecnologìa en la historia occidental, y el Franklenstain de Mary Shelley la primera obra literaria en abordar dicha situaciòn, si bien no se trata de un relato de ciencia ficciòn propiamente dicho...
Bufòn.
23/05/2007
Penèlope
Ulises subiò a la màquina del tiempo y la puso en marcha.
Hacia el pasado estaba Penelope tal como la viò el primer dìa. Hacia el futuro, Penèlope tal como habrìa de verla al regresar...Pero siempre Penelòpe tejiendo la trama del tiempo...
Bufòn.
07-05-06
08/05/2007
Sueños

El soñador despertò en las arenas grises de un Circo. Se desprendiò del Visor de Imàgenes Auto-generados y esperò la llegada de un tècnico del Sistema de Soporte.
Su sueño de evasiòn habìa fracasado por problemas tècnicos. Contrariado, el Soñador rogò que su sueño pudiera ser recuperado.
Mientras esperaba la llegada del Tècnico, se dedicò a recorrer la existencia de la que habìa querido escapar. Descubriò con desilusiòn que era un payaso trashumante de vida irrelevante, asì que deseò con desesperaciòn la restauraciòn de su sueño.Se llenò de una gran sorpresa cuando viò aparecer no aun tècnico, sino a su Asesor, un ejecutivo de rango intermedio, antipàticamente pulcro y distante.
-Quiero recuperar mi sueño- exigiò el Soñador.
-Me temo que eso es imposible, mìster Dick- respondiò el Asesor con muestras de extremada cortesìa, absolutamente profesional.
El Soñador se exasperò:
-Escuche... soy un infeliz payaso de circo de barrio...Debo salir de aquì, necesito recuperar mi sueño...
-Ese es precisamente el problema, mìster Dick. Usted no esun simple payaso de circo. Esto es sòlo un sueño generadopor usted, a partir de nuestra consola P.E. 2030, de hace cinco años.
-¿Què?- el Soñador estaba desconcertado.
-Efectivamente, mìster Dick, hace cinco años usted era usuario de nuestra consola de sueños autogenerados, con la que soñaba ser un payaso errante. Con la puesta en el mercado de una nueva consola mejorada, usted quiso adquirir un nuevo sueño y, como ya es costumbre en usted, nos pidiò hacerlo a partir de su sueño de payaso para evitar tener que desconectarse del Sistema de Apoyo y evitarse todo el papeleo que ello conlleva...
-¿Còmo ya es costumbre? ¡Quiere decir...?-balbuceò el Soñador.
-Asì es. Usted ha estado usando nuestras consolas por màs de treinta años, saltando de un sueño a otro, a medida que la tecnologìa avanza...
-¿Màs de treinta años?-gimiò anonadado-. Pero...¿la joven de la que me enamorè?, ¿las oportunidades que perdì?...
-Todo eso no son màs que meros transcursos de su sueño, mìster Dick. Le recuerdo que nuestra tecnologìa sòlo presta el servicio de soporte: todo lo demàs , el argumento del sueño, dìgamos, corre por cuenta del soñador...Puede llamarlo libre albedrìo, si le parece...
-Y si esto es un sueño...¿què hay detràs?...
El Asesor consultò su computador portatil.
-En su sueño anterior usted fue un oscuro revolucionario en una repùblica del sur...Debo reconocer que sus sueños son modestos, mìster Dick, lo cual nos facilita mucho el trabajo...
-¿Y detràs de eso?
-Con nuestra consola P.E. 2027 usted formaba parte de un grupo de ladrones de banco...y antes de eso- se adelantò el Asesor- con nuestras consolas anteriores usted fue, sucesivamente, Guerrero, Amante, Trovador... Al parecer , està usted dispuesto a afrontar todos los arquetipos programables...
El Soñador a punto de derrumbarse, gimoteò:
-¿Y detràs de todo eso? ¿Què hay detràs de todos mis sueños?
La prestancia profesional del Asesor se descompuso ante la desesperaciòn real de su cleintey, por un segundo, apreciò como lo que en realidad era, un hombre tan cansado como el que màs. Pero se recuperò en seguida y consultò su computador, tan pequeño que le cabìa en un bolsillo.
-Bueno...me veo obligado a recordarle que hace exactamente treinta y un años, usted firmò un contrato con nuestra compañìa, mediante el cual, su identidad, su cuerpo y sus sueños pasaban a formar parte de nuestros activos. Desde entonces, la compañìa se ha encargado de suministrarle el soporte tècnico para que usted pudiera dedicars a soñar con entera libertad... Nosotros, a cambio, obtenìamos todos los datos necesarios para mejorar el producto y el servicio...Sin embargo, usted ha sido un soñador durante tanto tiempo que su cuerpo ya no resistirìa sino un sueño màs, y de hecho, ni siquiera estamos seguros de que otro sueño sea recomendable...
-Pero dìgame, ¿quièn soy entonces?- gritò el Soñador al borde de las làgrimas, cayendo de rodillas sobre la arena de la pista circular, bajo la mirada apagada de las gradas vacìas.
-Yo..yo relalmente no lo sè, mìster Dick. Esos datos no estàn a mi alcance. Si es tan importante para usted, podrìa pasar una peticiòn por escrito que serà cuidadosamente estudiada y respondida dentro de los tèrminos...
El Soñador se levantò, clavò sus ojos inyectados en sangre en el Asesor y se sintiò henchir de odio. Con fiera presteza saltò sobre el ejecutivo inerme y extinguiò su aliento con las manos. Pero una fuerte luz roja y un timbre de alarma resonaron en su cabeza, haciendolo rodar por el suelo junto a su vìctima...
Un tècnico vestido de blanco irrumpiò en una impoluta habitaciòn de hospital y manipulò los aparatos de soporte, colocados junto a la cama en que yacìa mìster Dick, manipulandolos hasta normalizar los signos vitales.
Un pàlido Asesor entrò en la habitaciòn cuando todo hubo terminado:
-Esta vez haido uste demasiado lejos, mìster Dick. Estuvimos a punto de perderlo...-reprochò.
-No se preosupe, Aldiss- sonriò tristemente mìster Dick-, el antifaz del asesino era la ùnica y ùltima màscara que me quedaba por probar...
-Espero que lo haya disfrutado- dijo, con una frìa e indiferente cortesìa.
-Al cien por ciento-exclamò mìster Dick.
Aldiss tragò saliva y saliò del cuarto. Mìster Dick le hizo un guño al tècnico, quièn soltò una sonora carcajada.
-Y ahora , Gibson,-continuò mìster Dick-, desconecte todo mi soporte vital, por favor...
10-XI-05
Bufòn.
28/04/2007
La perfecta señorita

Theodora, o Thea como la llamaban, era la perfecta señorita desde que nació. Lo decían todos los que la habían visto desde los primeros meses de su vida, cuando la llevaban en un cochecito forrado de raso blanco. Dormía cuando debía dormir. Al despertar, sonreía a los extraños. Casi nunca mojaba los pañales. Fue facilísimo enseñarle las buenas costumbres higiénicas y aprendió a hablar extraordinariamente pronto. A continuación, aprendió a leer cuando apenas tenía dos años. Y siempre hizo gala de buenos modales. A los tres años empezó a hacer reverencias al ser presentada a la gente. Se lo enseñó su madre, naturalmente, pero Thea se desenvolvía en la etiqueta como un pato en el agua.
-Gracias, lo he pasado maravillosamente -decía con locuacidad, a los cuatro años, inclinándose en una reverencia de despedida al salir de una fiesta infantil. Volvía a su casa con su vestido almidonado tan impecable como cuando se lo puso. Cuidaba muchísimo su pelo y sus uñas. Nunca estaba sucia, y cuando veía a otros niños corriendo y jugando, haciendo flanes de barro, cayéndose y pelándose las rodillas, pensaba que eran completamente idiotas. Thea era hija única. Otras madres más ajetreadas, con dos o tres vástagos que cuidar, alababan la obediencia y la limpieza de Thea, y eso le encantaba. Thea se complacía también con las alabanzas de su propia madre. Ella y su madre se adoraban.
Entre los contemporáneos de Thea, las pandillas empezaban a los ocho, nueve o diez años, si se puede usar la palabra pandilla para el grupo informal que recorría la urbanización en patines o bicicleta. Era una típica urbanización de clase media. Pero si un niño no participaba en las partidas de «póquer loco» que tenían lugar en el garaje de algunos de los padres, o en las correrías sin destino por las calles residenciales, ese niño no contaba. Thea no contaba, por lo que respecta a la pandilla.
-No me importa nada, porque no quiero ser uno de ellos -les dijo a sus padres.
-Thea hace trampas en los juegos. Por eso no queremos que venga con nosotros -dijo un niño de diez años en una de las clases de Historia del padre de Thea.
El padre de Thea, Ted, enseñaba en una escuela de la zona. Hacía mucho tiempo que sospechaba la verdad, pero había mantenido la boca cerrada, confiando en que la cosa mejorara. Thea era un misterio para él. ¿Cómo era posible que él, un hombre tan normal y laborioso, hubiese engendrado una mujer hecha y derecha?
-Las niñas nacen mujeres -dijo Margot, la madre de Thea-. Los niños no nacen hombres. Tienen que aprender a serlo. Pero las niñas ya tienen un carácter de mujer.
-Pero eso no es tener carácter -dijo Ted-. Eso es ser intrigante. El carácter se forma con el tiempo. Como un árbol.
Margot sonrió, tolerante, y Ted tuvo la impresión de que hablaba como un hombre de la edad de piedra, mientras que su mujer y su hija vivían en la era supersónica.
Al parecer, el principal objetivo en la vida de Thea era hacer desgraciados a sus contemporáneos. Había contado una mentira sobre otra niña, en relación con un niño, y la chiquilla había llorado y casi tuvo una depresión nerviosa. Ted no podía recordar los detalles, aunque sí había comprendido la historia cuando la oyó por primera vez, resumida por Margot. Thea había logrado echarle toda la culpa a la otra niña. Maquiavelo no lo hubiera hecho mejor.
-Lo que pasa es que ella no es una sinvergüenza -dijo Margot-. Además, puede jugar con Craig, así que no está sola.
Craig tenía diez años y vivía tres casas más allá. Pero Ted no se dio cuenta al principio de que Craig estaba aislado, y por la misma razón. Una tarde, Ted observó cómo uno de los chicos de la urbanización hacía un gesto grosero, en ominoso silencio, al cruzarse con Craig por la acera.
-¡Gusano! -respondió Craig inmediatamente.
Luego echó a correr, por si el chico lo perseguía, pero el otro se limitó a volverse y decir:
-¡Eres un mierda, igual que Thea!
No era la primera vez que Ted oía tales palabras en boca de los chicos, pero tampoco las oía con frecuencia y quedó impresionado.
-Pero, ¿qué hacen solos, Thea y Craig? -le preguntó a su mujer.
-Oh, dan paseos. No sé -dijo Margot-. Supongo que Craig está enamorado de ella.
Ted ya lo había pensado. Thea poseía una belleza de cromo que le garantizaría el éxito entre los muchachos cuando llegara a la adolescencia y, naturalmente, estaba empezando antes de tiempo. Ted no tenía ningún temor de que hiciera nada indecente, porque pertenecía al tipo de las provocativas y básicamente puritanas.
A lo que se dedicaban Thea y Craig por entonces era a observar la excavación de un refugio subterráneo con túnel y dos chimeneas en un solar a una milla de distancia aproximadamente. Thea y Craig iban allí en bicicleta, se ocultaban detrás de unos arbustos cercanos y espiaban riéndose por lo bajo. Más o menos una docena de los miembros de la pandilla estaban trabajando como peones, sacando cubos de tierra, recogiendo leña y preparando patatas asadas con sal y mantequilla, punto culminante de todo esfuerzo, alrededor de las seis de la tarde. Thea y Craig tenían la intención de esperar hasta que la excavación y la decoración estuvieran terminadas y luego se proponían destruirlo todo.
Mientras tanto a Thea y a Craig se les ocurrió lo que ellos llamaban «un nuevo juego de pelota», que era su clave para decir una mala pasada. Enviaron una nota mecanografiada a la mayor bocazas de la escuela, Verónica, diciendo que una niña llamada Jennifer iba a dar una fiesta sorpresa por su cumpleaños en determinada fecha, y por favor, díselo a todo el mundo, pero no se lo digas a Jennifer. Supuestamente la carta era de la madre de Jennifer. Entonces Thea y Craig se escondieron detrás de los setos y observaron a sus compañeros del colegio presentándose en casa de Jennifer, algunos vestidos con sus mejores galas, casi todos llevando regalos, mientras Jennifer se sentía cada vez más violenta, de pie en la puerta de su casa, diciendo que ella no sabía nada de la fiesta. Como la familia de Jennifer tenía dinero, todos los chicos habían pensado pasar una tarde estupenda.
Cuando el túnel, la cueva, las chimeneas y las hornacinas para las velas estuvieron acabadas, Thea y Craig fingieron tener dolor de tripas un día, en sus respectivas casas, y no fueron al colegio. Por previo acuerdo se escaparon y se reunieron a las once de la mañana en sus bicicletas. Fueron al refugio y se pusieron a saltar al unísono sobre el techo del túnel hasta que se hundió. Entonces rompieron las chimeneas y esparcieron la leña tan cuidadosamente recogida. Incluso encontraron la reserva de patatas y sal y la tiraron en el bosque. Luego regresaron a casa en sus bicicletas.
Dos días más tarde, un jueves que era día de clases, Craig fue encontrado a las cinco de la tarde detrás de unos olmos en el jardín de los Knobel, muerto a puñaladas que le atravesaban la garganta y el corazón. También tenía feas heridas en la cabeza, como si lo hubiesen golpeado repetidamente con piedras ásperas. Las medidas de las puñaladas demostraron que se habían utilizado por lo menos siete cuchillos diferentes.
Ted se quedó profundamente impresionado. Para entonces ya se había enterado de lo del túnel y las chimeneas destruidas. Todo el mundo sabía que Thea y Craig habían faltado al colegio el martes en que había sido destrozado el túnel. Todo el mundo sabía que Thea y Craig estaban constantemente juntos. Ted temía por la vida de su hija. La policía no pudo acusar de la muerte de Craig a ninguno de los miembros de la pandilla, y tampoco podían juzgar por asesinato u homicidio a todo un grupo. La investigación se cerró con una advertencia a todos los padres de los niños del colegio.
-Sólo porque Craig y yo faltáramos al colegio ese mismo día no quiere decir que fuésemos juntos a romper ese estúpido túnel -le dijo Thea a una amiga de su madre, que era madre de uno de los miembros de la pandilla. Thea mentía como un consumado bribón. A un adulto le resultaba difícil desmentirla.
Así que para Thea la edad de las pandillas -a su modo- terminó con la muerte de Craig. Luego vinieron los novios y el coqueteo, oportunidades de traiciones y de intrigas, y un constante río, siempre cambiante, de jóvenes entre dieciséis y veinte años, algunos de los cuales no le duraron más de cinco días.
Dejemos a Thea a los quince años, sentada frente a un espejo, acicalándose. Se siente especialmente feliz esta noche porque su más próxima rival, una chica llamada Elizabeth, acaba de tener un accidente de coche y se ha roto la nariz y la mandíbula y sufre lesiones en un ojo, por lo que ya no volverá a ser la misma. Se acerca el verano, con todos esos bailes en las terrazas y fiestas en las piscinas. Incluso corre el rumor de que Elizabeth tendrá que ponerse la dentadura inferior postiza, de tantos dientes como se rompió, pero la lesión del ojo debe ser lo más visible. En cambio Thea escapará a todas las catástrofes. Hay una divinidad que protege a las perfectas señoritas como Thea.
Patricia Highsmith
Tomado de ww.apocatastasis.com
18/04/2007
La respuesta
El Buscador se sentìa naufragar.
Presentìa que una vez habìa tenido la Respuesta, pero como entre sus facultades no estaba la de recordar o retener, ni la de asociar, omitir u olvidar hasta crear una memoria, desconocìa la situaciòn de la Ventana donde podìa acceder a ella...
Asì que iniciò una nueva Bùsqueda, casi al azar.
Pensò que si no encontraba la Ventana donde se hallaba su respuesta, encontrarìa otra que lo remitiera a aquella, de manera que , en algùn momento, podrìa recrear una aproximaciòn a la respuesta original...
A veces , sobre todo por las noches cuando estaba exhausto, anhelaba retroceder en el tiempo, porque tenìa la sensaciòn de que sòlo en su pasado o en sus sueños, volverìa a obtener la Respuesta...
29-X-05
Bufòn.
El buscador
El Buscador sabìa que estaba atrapado en el laberinto, pero no le importò. Estaba demasiado ocupado para preocuparse por ello.
Si antaño las personas le solicitaban sabidurìa, èl se limitaba a otorgarles un dogma, una profesiòn de fe, una ideologìa que ellos abrazaban hasta abrasarse...
Pero ya el Buscador no tenìa tiempo para jugar con las fatuas pretensiones de los Usuarios, quienes ahora exigìan informaciòn y entretenimiento, y èl debìa fagocitarlo todo y regurgitarlo, en tiempo real, sin ningùn asomo de trascendencia...
Bufòn.
El bibliotecario
Con el paso del tiempo, el Bibliotecario ya no fue necesario. El Buscador lo hacìa todo, tenìa todas las respuestas, o por lo menos, los Enlaces adecuados que podìan conllevar a esa respuesta.
Lejos de amilanarse ante esta situaciòn, el Bibliotecario se armò de paciencia y mala fe y empezò a tejer un laberinto, a construir una red donde atrapar al Buscador...
Bufòn.
29/03/2007
Robots

-¿Què edad tiene usted?-quiso saber.
-32 años- respondì.
-Entonces, no puede recordar los tiempos en que no habìa robots. La humanidad tenìa que enfrentarse con el universo sola, sin maigos. Ahora tiene seres que la ayudan; seres màs fuertes que ella, màs ùtiles, màs fieles y de una devociòn absoluta.
Isaac Asimov
Yo, robot.
20/03/2007
Ser perfecto

Cutie se echó a reír. Era una risa inhumana, la risa más mecanizada que había surgido jamás. Era aguda y explosiva, regular como un metrónomo y sin matiz alguno.
—Fíjate en ti —dijo finalmente—. No lo digo con espíritu de desprecio, pero fíjate bien. Estás hecho de un material blando y flojo, sin resistencia, dependiendo para la energía de la oxidación ineficiente del material orgánico... como esto — añadió señalando con un gesto de reprobación los restos del bocadillo de Donovan—. Pasáis periódicamente a un estado de coma, y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de radiación afecta vuestra eficiencia. Sois alterables.
—Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizó con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, estoy consciente constantemente y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teoría a la nada.
Isaac Asimov
Razòn
Yo, robot.
14/03/2007
Ciencia ficciòn en Colombia
El universo curvo y finito
Durante muchos años el profesor Werner Fassen estuvo trabajando en una fòrmula que le permitirìa mitificar todos los postulados de las fìsicas, clàsica y relativista. Una vez hubo alcanzado la formulaciòn de su ecuaciòn, la sometiò a un grupo de notables cientìficos (...)
Aunque la fòrmula fue recibida con benevolencia, un grupo de escèpticos (...) cuestionò la validez de la proposiciòn y hasta asegurò que aùn en el caso de que ella fuese posible teoricamente, en la pràctica no significarìa ningùn provecho real. Ademàs, que no habrìa posibilidad alguna de construir un modelo del universo conocido para demostrar màs allà de toda duda razonable la validez de su ecuaciòn.
(...)
Por fin, un dìa anunciò que el modelo estaba listo para su primera prueba.
(...)...Entrò en el modelo y lo recorriò paso a paso. (...) Todo estaba allì, a su alcance , sometido a su poder y voluntad. Se extasiò ante su trabajo de siete lustros.
Màs cuando quiso salir, no encontrò la ruta. Con calma primero, luego agitadamente recorriò todo el universo que, insensiblemente, siguiò girando en abierto desafìo a su poder creador, ahora condenado al fracaso por siempre jamàs.
Enrique Hoyos Olier.
Cuentos.
Universidad Pedagogica Nacional, Bogotà, 2004.
05/03/2007
Cuento colombiano de ciencia ficciòn

Aprovechando una tarde en la biblioteca del Banco de la Repùblica, me dì a la tarea de buscar cuentos de narradores colombianos, que pudieran enmarcarse dentro del gènero de ciencia ficcion.
Tarea nada fàcil,por lo ingrata.
El cuento colombiano, de acuerdo con lo que pude observar a vuelo de pàjaro, durante mucho tiempo estuvo enmarcado por un regionalismo ensimismado o un afàn de denuncia hacia la violencia de caracter polìtico que vive el paìs.
Es asì que manifestaciones literarias como el cuento de ciencia ficcion son dìficiles de hallar.
La modernidad en el cuento colombiano abriò una veta hasta ahora inagotada: el cuento urbano. Dentro de esta tendencia es obvio que la tecnologìa,los medios y las mediaciones que estos ejercen sobre nosotros, figuran como temàticas tratadas. Pero de ahì a considerar dichas narraciones como cuentos de ciencia ficciòn pienso que hay una gran distancia.
Màs bien se puede hablar de cuento fantàstico, que no es lo mismo.
Sobre todo por la dificultad de delimitar la ciencia ficciòn como tal. De acuerdo a J. P. Telotte, el gènero de ciencia ficciòn " trata manifiestamente sobre la ciencia y las posibilidades cientìficas; sobre la probabilidad cientìfica incluso. De hecho, por lo general se propone esa especie de juego de "¿què pasarìa si..." en el que se enfrascan los cientificos cuando diseñan experimentos y llevan a cabo su investigaciòn: extrapolar a partir de lo conocido para explicar lo desconocido"(1)
Y aunque no estoy del todo seguro de esta definiciòn, los cuentos que encontrè y seleccionè contienen una fuerte tensiòn entre la tecnologìa (como expresiòn cotidiana de la ciencia) y su vivencia por parte de los seres humanos.
Debo declarar que algunos de estos relatos me parecen ingenuos , en el sentido de que proyectan una añoranza melàncolica hacia un pasado pre-tecnològico y pre-mediatico, pero un pasado virtual, irrealizable, en cuanto no se busca la vuelta a la niñez, la utopìa, sino la transportaciòn del yo adulto a un pasado idealizado, una vìa de escape sin consecuencias.
Bufòn.
1. J. P. Telotte. El cine de ciencia ficciòn. Cambridge University Press, Madrid, 2002,pàgina 11.
23/02/2007
Ciencia- ficciòn en Colombia

La màquina
El inventor Larco-z soldò el ùltimo circuito y aproximò su conducta a lo que podrìa ser un estado de intensa satisfacciòn. Despuès de dispendiosos experimentos habìa logrado el objetivo de sus preocupaciones vitales: una màquina cuyos efectos trascendìan las reacciones fìsicas del organismo y alcanzaba impactos en la menguada constituciòn espiritual de los habitantes del planeta.
Por medio de un complejo se transmitìan vibraciones sensoriales, produciendo disturbios anti.mecànicos semejantes a sueños, recuerso y anhelos; de tal manera que cualquier individuo de escasos o inexistentes sentimientos, podìa recuperar la facultad de relaciòn con la naturaleza y los fenomenos no tecnologicos de la epoca. Laico-Z (...) se dispuso a probar en su propia persona la gran paradoja: a partir de una màquina mermarìa los avances negativos de otras màquinas sobre la personalidad humana..
(...) Accionò botones, computò cifras y cuando estuvo preparado recibiò una intermitente sucesiòn de descargas luminosas.
Los auxiliares trataron de ayudarlo pero nada pudieron hacer. El alto voltaje de sensibilidad no pudo ser asimilado por el cientifico y sus principales registros se descompusieron. El cràneo se fundiò y el plàstico cabelludo dejò al descubierto un panorama de filamentos, èmbolos, bujìas y elctrodos chamuscados.
Juan Carlos Moyano Ortiz (Bogotà, 1959)
La pasiòn de las lunas.
Ediciones Puesto de combate, Bogotà, 1981.
Ciencia-ficciòn colombiana

El juicio de la màquina
Frìa, insensible, inhumana estaba ahì la Computadora, empotrada al piso del edificio, haciendo sus càlculos ante la mirada de los Jurados, del Reo y del pùblico asistente a la Audiencia en la cual se juzgaba al hombre por un supuesto delito...
(...) UNIVAC, que tal era el nombre del monstruo metàlico, se habìa convertido en el centro de las miradas de aquèl Juicio donde se jusgaba la suerte del acusado. Este, presa del nerviosismo. miraba ora al Jurado de hombres como èl, ora al inmenso Robot como tratàndo de influir en la apreciaciòn de ambos sobre la definiciòn de su caso.
(...)Aquel Armatoste pensaba con una rapidez deslumbrante y elaboraba en su cerebro de cables todas las conjeturas y establecìa las posibilidades que podrìan presentarse para bien o para mal de aquel hombre que estaba en tela de juicio. Era una lucha positiva entre el hombre y la màquina.
(...) Cada uno de los jurados de conciencia fue dictando su sentencia. Sòlo faltaba el pronunciamiento de UNIVAC.
(...)
Cuando ya iba a dictar su fallo, comenzò a salir humo por su cerebro de acero; la màquina habìa hecho un esfuerzo descomunal y se habài fundido. El acusado fue condenado a muerte por un voto.
Jorge Eduardo Velez Arango.
Inventario de sueños.
Editorial Rodrigo Ltda, Manizales, 1983.
09/02/2007
Progreso
El progreso no lo traen los madrugadores, (…)sino los perezosos que buscan la forma más cómoda de hacer las cosas. "
Robert HeinleinEl padre

| El bebé estaba en una canasta al lado de la cama, y llevaba puesto un pelele y un gorro blanco. La canasta de mimbre estaba recién pintada, acolchada con pequeños edredones azules y sujeta con cintas de color azul claro. Las tres hermanitas y la madre, que se acababa de levantar de la cama y aún no se había despertado del todo, y la abuela rodeaban todas al bebé y observaban cómo miraba con fijeza y de cuando en cuando se llevaba el puño a la boca. No sonreía ni reía, pero a veces parpadeaba y movía la lengua entre los labios cuando una de las niñas le pasaba la mano por la barbilla. El padre estaba en la cocina y les oía jugar con el bebé. -¿A quién quieres tú pequeñín? - dijo Phyllis-, y le hizo cosquillas en la barbilla. -Nos quiere a todos - dijo Phyllis-, pero al que quiere de veras es a papá, ¡porque papá también es chico! La abuela se sentó en el borde de la cama y dijo: -¡Mirad su bracito! Tan gordo. ¡Y esos deditos! Igualitos que los de su madre. -¿No es una preciosidad? -dijo la madre-. Tan sano, mi niñito. -Se inclinó sobre la cuna, besó al bebé en la frente y tocó la colcha que le tapaba el brazo-. Nosotros también le queremos. -¿Pero a quién se parece, a quién se parece? -exclamó Alice, y todas ellas se acercaron a la canasta para ver a quién se parecía. -Tiene los ojos bonitos -dijo Carol. -Todos los bebés tienen los ojos bonitos -dijo Phyllis. -Tiene los labios del abuelo -dijo la abuela-. Fijaos en esos labios. -No sé...-dijo la madre-. No sabría decir. -¡La nariz! ¡La nariz! -gritó Alice. -¿Qué pasa con su nariz? -preguntó la madre. -En la nariz se parece a alguien -dijo la niña. -No, no sé... -dijo la madre-. No creo. -Esos labios...- dijo entre dientes la abuela-. Esos deditos... - dijo, destapando la mano del bebé y extendiéndole los menudos dedos. -¿A quién se parece este niño? -No se parece a nadie -dijo Phyllis. Y todas se acercaron aún más a la canasta. -¡Ya sé! ¡Ya sé! - dijo Carol-. ¡Se parece a papá! -Todas miraron al bebé de muy cerca. -¿Pero a quién se parece su papá? - preguntó Phyllis. -¿A quién se parece papá?- repitió Alice, y entonces todas ellas miraron a la vez hacia la cocina, donde el padre estaba en la mesa, de espaldas a ellas. -¡Vaya, a nadie! -dijo Phyllis, y se puso a lloriquear un poco. -Calla -dijo la abuela, apartando la mirada. Luego volvió a mirar al bebé. -¡Papá no se parece a nadie! -dijo Alice. -Pero tendrá que parecerse a alguien -dijo Phyllis, secándose los ojos con una de las cintas. Y todas salvo la abuela miraron al padre, que seguía sentado en la cocina. Se había dado la vuelta en su silla y tenía la cara pálida y sin expresión. Raymond Carver ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, 1963/76 (Traducción de Jesús Zulaika, Editorial Anagrama, Panorama de narrativas139) Raymond Carver.Tomado de www.maruska.soria.org/carver/htm |
04/12/2006
Ubik

Hoy nos toca hacer limpieza, amigos: estos son los descuentos con los que liquidamos nuestros silenciosos Ubiks elèctricos. Sì, echamos la casa por la ventana. Y recuerden: todos nuestros Ubiks han de ser usados de acuerdo con las instrucciones.
Phillip K Dick
Ubik
Cuento de navidad.

Mateo,2,2,guiòn,4
Un cuento de Navidad
Gyord sabìa que ellos creìan ser lo que no eran. siempre en la misma època cada año, se preguntaba el porquè de todo aquello.
(...)
Con la seguridad de alguien que sabe lo que hace, se dirigiò a los controles y apretò los contactos uno y dos, La cùpula de la Torre de Control tornòse sùbitamente transparente. (...)Blanca y brillante, aureolada por la cùpula invisible, la ciudad era bella.
(...) Una asociaciòn vertiginosa de imàgenes, olores viejos, risas y canciones olvidadas le recordò la inminencia de la Navidad.
Inùtilmente buscò en su mente el significado perdido. La palabra repercutiò en sus circuitos sin encontrar màs respuesta que los conceptos ligados al hàbito y la costumbre.
(...)
Desde la Torre de Control, Gyord mirò el panorama rutilante que ofrecìa la inmensa ciudad e inevitablemente sintiò una profunda nostalgia de algo que no pudo definir(...) ¿Cuàl era el significado de ese derroche de colores, de los pesebres encendidos? ¿Por què año tras año repetìan todo aquello? ¿Por què? ¿Para quièn?
Porque hacìa mucho tiempo que los hombres habìan desaparecido de la Tierra.
Ahora los de su pueblo se tomaban por lo que no eran, creìan ser seres humanos y seguramente ignoraban la existencia de Gyord mismo y de los Supervisores, aislados en sus torres de mando.
(...) Entonces, con un gesto decidido conectò el contro automàtico(...)
Saliò a la calle y se mezclò con ellos.
Detuvo a un transeùnte, un androide viejo que caminaba lentamente.
(...)
-¿Què es la Navidad, señor?
(...)
-No lo recuerdo.
(...)
...Durante ocho dìas con sus noches vagò por la ciudad observando el espectaculo de la amnesia colectiva y sintiò piedad por las màquinas que se semejaban hombres.
(...) Levantò la mirada hacia el firmamento nocturno.Màs allà de la cùpula gigante, otros mundos enviaban la luz de un pasado remoto hasta la tierra sin amos.
Tal vez de ahì vendrìan tarde o temprano otros seres que recordaran el sentido de la Navidad.
(...)
Una luz màs brillante que las otras llamò su atenciòn. La estrella azulada parecìa aumentar de tamaño, mientras se desplazaba inusitadamente de Oriente a Occidente. (...)
"Tal vez regresen", pensò, mientras echaba a andar.
Entonces los viò: tres siluetas majestuosas caminando hacia èl. Su corazòn sintètico se llenò de esperanza. Uno de los tres Reyes Magos, el negro, preguntò con voz càlida:
-¿Dònde està el nacido Rey de los Judìos? Porque nosotros vimos en Oriente su estrella y hemos venido con el fin de adorarle.
Pero luego, casi en un susurro que permitìa intuir el juego de los engranajes, agregò:
-Mateo, capìtulo dos, versìculo dos, guiòn, cuatro.
Renè Rebetez.
24/11/2006
Las tres leyes de la robòtica

1.— Un robot no debe causar daño a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra ningún daño.
2.— Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos, excepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera Ley.
3.— Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la Primera ni con la Segunda Ley.
11/09/2006
Annabel Lee

Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;
y era su único sueño verse siempre
por mí adorada y adorarme a mí.
Niños éramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos allí
con amor que era amor de los amores,
yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ángeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a mí.
Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
desde una nube sopló un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
lejos, lejos de mí;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla allí.
¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-,
llegaron a envidiarnos, a ella, a mí.
Y no más que por eso -todos, todos
en el reino, ante el mar, sábenlo así-,
sopló viento nocturno, de una nube,
robándome por siempre a Annabel Lee.
Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
más grandes que ella fue, que nunca fui;
y ni próceres ángeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en sí,
separarán jamás mi alma del alma
de la radiante Annabel Lee.
Pues la luna ascendente, dulcemente,
tráeme sueños de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonríen de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.
Edgar Allan Poe
Versión de Carlos Obligado
Tomado de www.amediavoz.com
03/09/2006
Neuromante

Case tenìa veinticuatro años. A los veintidòs, habìa sido vaquero, un cuatrero, uno de los mejores del Ensanche. Habìa sido entrenado por los mejores, por McCoy Pauley y Bobby Quine, leyendas en el negocio. Operaba en un estado adrenalìtico alto y casi permanente, un derivado de juventud y destreza, conectado a una consola de ciberespacio hecha por encargo que proyectaba su incorpòrea conciencia en la alucinaciòn consensual que era la matriz. Ladròn, trabajaba para otros: ladrones màs adinerados, patrones que proveìan el exòtico software requerido para atravesar los muros brillantes de los sistemas empresariales, abriendo ventanas hacia los ricos campos de la informaciòn.
Cometiò el error clàsico, el que se habìa jurado no cometer nunca. Robò a sus jefes. Guardò algo para èl y tratò de escabullirlo por intewrmedio de un traficante en Amsterdam. Aùn no sabìa con certeza còmo fue descubierto, aunque ahora no importaba. Esperaba que lo mataran entonces, pero ellos sòlo sonrieron. Por supuesto que era bienvenido, le dijeron, bienvenido al dinero. E iba a necesitarlo. Porque -aùn sonriendo- ellos se iban a encargar de que nunca màs volviese a trabajar.
Le dañaron el sistema nervioso con una micotoxina rusa de los tiempos de la guerra.
Neuromante.
William Gibson

